Ruta del Viajero, El Grand Paradise, el Barceló de Playa Dorada y Casa Marina en Sosúa, son tres excusas fabulosas para cuadrar una escapada de aventura y diversión a la República Dominicana.
Por Laura Candelas / Especial para De Viaje
Ala ciudad de Puerto Plata, localizada al norte de la República Dominicana, se le conoce como “La novia del Atlántico”. Tiene millas y millas de playas de un océano con el que estamos familiarizados los puertorriqueños porque tres cuartas partes de nuestras costas tienen esas mismas aguas. Así las cosas, son aguas que conocemos y brindan confianza. La mayoría de los hoteles del área incluye entre sus ofertas, libre de costo si el deporte no es motorizado, una gran variedad de deportes acuáticos. En un reciente viaje de exploración a este litorial, muy popular en el Caribe, el abanico de posibilidades para la diversión, sea en pareja o el plan familiar, se nos presentó “a la carta”.
Por ejemplo, si lo que buscas es aventura, el visitante puede optar por volar en chiringa sobre el mar, montarse en una “banana”, remar en kayaks, “wind surfing”, bote de vela o “snorkeling”. También están disponible sesiones de buceo, las motoras acuáticas y hasta paseos en catamarán. Estos últimos por precios módicos.
Pero, si el caso es que se buscan deportes menos mojados, en el área hay un campo de golf, y los hoteles cuentan con canchas de tenis, ping pong, arco y flecha, mini golf y hasta bicicletas. Es conveniente consultar con tu agente de viajes para confirmar estas ofertas de acuerdo al hotel que escojas.
Todos los hoteles tienen piscinas con barra incluida, algunos tienen “jacuzzis” y todos cuentan con piscinas para niños. Como las hospederías tienen más de una piscina, el visitante puede escoger una piscina tranquila para descansar o nadar tranquilamente u otra en la que ofrezcan actividades para los visitantes como clases de acuaeróbicos y música para disfrutar del pasadía.
En uno de los hoteles visitados, el Grand Paradise de Playa Dorada (infoplayadorada@amhsamarina.com), durante el día se ofrecían todo tipo de juegos en los alrededores de la piscina. Esta actividad, que se veía muy animada, da la oportunidad a los visitantes de conocer a otros huéspedes y hacer amistades que pudieran durar más allá de la estadía, ¿quién sabe?
En este hotel los encargados de ofrecer las clases en la piscina por el día, son los mismos bailarines que vimos por la noche en el show de variedades que se ofrece diariamente, libre de costo. También ofrece por $10.00 la hora de cuido de niños, por lo que las parejas pueden disfrutar de una cena en uno de los restaurantes a la carta, ver el show y luego bailar en la discoteca con la tranquilidad de que los chicos están supervisados por personal del hotel mientras disfrutas en pareja y se vuelven a enamorar.
Para quienes busquen una escapada más exclusiva, pero todavía muy económica, el Hotel Barceló Puerto Plata (puertoplata@barcelo.com), también en el complejo Playa Dorada, ofrece la opción Premium.
Estas habitaciones, exquisitamente decoradas y con todas las comodidades europeas imaginables, ofrecen cierta privacidad y trato preferencial a sus ocupantes. El mini bar, por ejemplo, tiene copas de cristal para todas las bebidas, un jabón hecho a base de aceite de oliva, y una bata de baño que de seguro extrañarás cuando recuerdes su estadía.
Algunos hoteles tienen casino, todos disponen de tienditas y de oportunidad para cambiar divisas, spas, y en el complejo de Playa Dorada, que tiene 13 hoteles, hay servicio de ambulancia aérea de ser necesario, aunque cada hotel ofrece servicios médicos.
En el Grand Paradise Playa Dorada cualquier pareja, previa reservación y por un costo extra, puede optar por una cena romántica al lado del mar, en una mesa colocada en la playa, acompañando la velada con champagne y la comida servida a la carta del menú disponible.
Puerto Plata “out of the box”
Pero, la sorpresa y la novedad estaban fuera de los predios de los hoteles. El grupo con el cual visité Puerto Plata iba decidido a descubrir, a conocer más del vecino país. Desde el primer día trazamos la ruta aventurera y de la mano de la gente de Green Service Tours (green@tricom.net) salimos de los hoteles diariamente a disfrutar del entorno en Puerto Plata. A media hora de camino llegamos a Cabarete.
Este pueblo se ha convertido en el sitio “in” del sector. Mucho de su turismo es europeo y los restaurantes y barras han colocado sus exquisitas mesas a la orilla de la playa lo que da la oportunidad de tomarse un coctel disfrutando de una puesta de sol memorable en un ambiente chic, sexy y exclusivo. Por la noche hay música a la orilla de la playa y el ambiente es muy animado además de seguro, según nos contaron.
Un poco más al este, pero también muy cerca, está Sosúa, un pueblo al que llegaron huyendo de la guerra muchos europeos durante la segunda mitad del siglo pasado. Esta historia le da al lugar un aire bohemio, con su toque “hippie” y muchos restaurantes con comida internacional.
Sosúa también tiene hoteles tipo “todo incluido” y una de las playas más espectaculares del universo. Muchas páginas se han escrito sobre el color del mar de la playa pública en esta costa, pero es indescriptible. Es un azul que hay que verlo para creerlo.
En Sosúa visitamos el hotel Casa Marina Reef, que se puede combinar en su estadía de una semana según la oferta, y en donde llamó la atención la gran cantidad de actividades para niños y para personas de la tercera edad.
Pero queríamos más. No sólo historia, playas y ambiente de buen “jangueo”, queríamos naturaleza. Así llegamos al Monkey Jungle (www.monkeyjungledr.com), en barrio El Choco, donde la carretera para llegar era de barro y la temperatura iba bajando según subíamos hacia el lugar.
Allí, un extranjero estableció hace unos años una clínica que brinda servicios médicos gratuitos a la comunidad. Para mantener esa operación, ofrecen varios tipos de aventuras ecoturísticas que además son divertidísimas. Tuvimos la oportunidad de compartir con una manada de monos traídos de África que viven en su ambiente natural y comen de tus manos mientras te caminan sobre la cabeza. Además de “volar” sobre los montes suspendidos en cables de acero lo que se convirtió en la aventura más extrema y memorable de la travesía.
Con la gente de Monkey Jungle también se puede disfrutar de un safari, con hamacas incluidas para la siesta después del almuerzo y una visita a las Cascadas de Majagua y bañarse en sus 12 charcas.
La visita al teleférico de Puerto Plata es obligada pues la vista, a 2,500 pies de altura sobre el nivel del mar es espectacular además del disfrute de los jardines arriba en la montaña que dan la sensación de estar al tope del mundo en un universo verde.
En el centro del pueblo de Puerto Plata caminamos por la plaza, visitamos la sede del Museo del Ámbar, el malecón y hasta en una tienda por departamentos nos paramos para comprar café y vainilla dominicana al mejor precio.
La propuesta es esa: vivir la aventura de Puerto Plata, disfrutar del lujo, las comidas, bebidas y las atenciones insuperables en sus hoteles, pero también salir a descubrir el País. A solo minutos, en taxis, motora, un auto alquilado o con una agencia de turismo, se descubre un País y una gente interesantísimos que le harán recordar su estadía y, como Cristóbal Colón, querrá volver una y otra vez.
Cerca y conveniente
Desde hace unos años, no hay vuelos directos desde Puerto Rico a Puerto Plata. Sin embargo, este verano y durante los meses de junio y julio, habrá la oportunidad de viajar todos los jueves (www.plazatours.com) desde aquí y aprovechar además las ofertas de las estadías en un paquete muy conveniente para estos tiempos. Algunas ofertas incluyen la estadía de los niños gratis.
Si prefiere irse por su cuenta, puede llegar por avión hasta Santiago, que queda a una hora de Puerto Plata por carretera o desde la capital, Santo Domingo. Este viaje por carretera es más largo, unas cuatro horas, pero le dará oportunidad de recorrer el País de sur a norte, disfrutar del paisaje, ver, por ejemplo, sembradíos de arroz, y además, pararse en cualquier restaurante en el camino. Recomiendo El Jacaranda, en Bonao, y tomarse una cerveza bien fría y disfrutar de comida local y turca. Recomiendo los kibes.
Francamente, “lo de menos” es el todo incluido de estos viajes, con su servicio impecable, la amabilidad de la gente, la exuberancia de los jardines en los hoteles, la comida memorable y las cervezas y el sabroso ron local ilimitado.