Verano “horribilis” para Juan José Hidalgo | Ruta del Viajero
  • Verano “horribilis” para Juan José Hidalgo

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    Ruta del Viajero, Este verano ha sido para Juan José Hidalgo el peor de sus 70 años, un mes cargado de problemas de todo tipo, económicos y laborales, y agravado a última hora por el asalto de tres encapuchados a la casa-bunker de su hija mayor María José Hidalgo, en la bahía de Palma.  Peor incluso que el de hace cuatro veranos, en 2008, cuando por sorpresa  sobrevino la crisis mundial y dio orden de vender la compañía aérea, cosa que estuvo a punto de concretarse con Air France , pero al final dio marcha atrás porque era el bien más tangible del grupo.

    A primeros de mes, nada más salir de la reunión con el presidente de Baleares, reunión que monopolizó, fue muy duro con Aena y con el ministerio de Fomento por las tasas y los controladores y reconoció pérdidas en la aerolínea, además de por el aumento del precio del crudo.

     “Me voy a Marbella  a ver si me relajo”, le comentó días después Juan José Hidalgo al restaurador Koldo Royo, vecino suyo de la casa del Paseo Marítimo de Palma, aunque en la ciudad marbellí no consiguió quitarse el estrés porque se publicó el comunicado de los pilotos.

     Pero antes de que abandonara Mallorca tuvo que hacer frente a la disputa con su último gran amigo y socio Javier Cabotá, con el que ha roto por una supuesta apropiación indebida del promotor inmobiliario, y con el distanciamiento definitivo de Matías, uno de sus brazos derechos.

     Hidalgo regresó a Palma el 16 de agosto, en vuelo desde Málaga, y en pleno trayecto se percató, y así se lo hizo saber a s u mujer, de que en Madrid se había dejado el pasaporte, imprescindible para entrar en Puerto Plata, donde tenía previsto llegar cuatro días después.

     Durante el vuelo a Palma se levantó para ir a la cabina, donde habló con los pilotos mosqueados por los acuerdos comerciales con la competidora Orbest, no pudo echar su cabezadita por el ruido continuó de unos niños traviesos y no dejó de mirar a una joven rubia que viajaba detrás de él.

     Dominicana era hasta ahora su lugar de descanso, donde se olvida de los pilotos, del Sepla, del crudo, de la competencia y de la crisis, pero últimamente tampoco se relaja en este país porque le han surgido un sinfín de problemas con sus inversiones y con vendedores que lo adulaban.

     En sus posesiones del país antillano, a la vera de Paco Pérez, su extrovertido delegado, le cogió el último mazazo de un agosto nefasto: el asalto de la casa más que custodiada de su hija María José, y cuentan que se vino abajo, sin fuerza para siquiera mandar al mundo al carajo.

     Total, que el presidente de Globalia va a cerrar el verano más horrible de su vida, cuando siempre había sido el más feliz—aquellos tiempos no muy lejanos en los que invitaba en el barco alquilado a sus colegas los grandes y a sus íntimos mallorquines—y el menos estresante del año.

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